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Carta de la comunidad gay a el cardenal Juan Luis Cipriani:

En lo que fue la primera vuelta de las elecciones presidenciales, El cardenal Juan Luis Cipriani presionó a los candidatos a la presidencia del país, exigiendo que expresen al pueblo si van a corromper la sociedad “con cambios que van en contra de la naturalezaâ€. Tras las distintas polémicas que han surgido durante las campañas electorales con temas relacionados con los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, ahora la iglesia vuelve a meterse en política exigiendo a los candidatos que expresen lo que harán para que el pueblo sepa si “van a corromperla con cambios que van en contra de la naturaleza“.

 

 

El cardenal Juan Luis Cipriani es el encargado ahora de utilizar la mayoritaria influencia que posee en la sociedad del país, para arremeter contra cualquier candidato a la presidencia del país que se digne a igualar los derechos de todos los ciudadanos. Cipriani comentó a los medios que “tienen que manifestarse de manera clara, qué piensan del aborto, de estas uniones que no son matrimonio, sobre el uso de la droga, (…) de costumbres también, queremos saber por quién vamos a votarâ€

 

 

En ese sentido expresó que “los políticos no son dueños de la sociedad y no pueden corromperla con cambios que van en contra de la naturaleza, como el matrimonio, ya que es entre un hombre y una mujer, porque se complementan física, psicológica y espiritualmente, y no entre parejas del mismo sexo porque la naturaleza dice que no es lo correctoâ€. Concluyó haciendo referencia a un fiel incrédulo de la iglesia desde tiempos inmemorables, la ciencia, diciendo que “La ciencia y la naturaleza me dicen que eso no es correcto“. Se desconocen las fuentes de tal afirmación.

 

 

 

 

En tiempos electorales, y en los cuales se ha usado los derechos de los homosexuales con fines políticos, es necesario desempolvar algunas verdades que frente a oídos seudo santos. La homosexualidad no es un pecado, tampoco una enfermedad. Creemos que Dios nos creó homosexual, lesbiana, hombre gay, bisexual, o heterosexual. Es decir, no hay ninguna contradicción en ser gay o lesbiana y cristiano(a)/católico(a). El hecho de que la Iglesia nos rechace no implica que Dios nos rechace. Muchas de las iglesias, tanto católicas como protestantes, tienen una idea muy pervertida de la homosexualidad e incluso de la sexualidad humana en general.

 

 

No obstante, gracias a Dios, las investigaciones científicas y sicológicas nos muestran lo normal que es la homosexualidad, sea femenina o masculina. En cuanto a la Biblia, expertos en las Sagradas Escrituras han demostrado que la Biblia no dice nada en contra de la homosexualidad.

 

 

Sí, se menciona actos sexuales entre personas del mismo género en ciertas situaciones, pero eso sólo en unos seis versículos en toda la Biblia. Y cuando uno estudia al fondo, en su idioma original (hebreo y griego) cada uno de estos versículos y su contexto y toma en cuenta la cultura de la época en que cada uno fue escrito, se observa en cada caso que hay problemas en la traducción y/o interpretación tradicional. Se nota que en realidad no hay en ninguno de estos versículos una base para condenar a la homosexualidad.

 

 

Al contrario, creemos que nuestra sexualidad, sea heterosexual u homosexual, es un don de Dios y algo que se debe celebrar dignamente. La Biblia incluye varias narraciones que pueden inspirarnos sobre amor profundo entre personas del mismo sexo: Rut y Noemí (de la cual el mundo heterosexual toma una de sus favoritas promesas matrimoniales: “Iré a donde tú vayas….â€- Rut 1:16-17); David y Jonatán; el capitán romano y su criado (San Lucas 7:2-10); Jesús y Lázaro; Jesús y Juan. David, al hablar de su amor a Jonatán, dice: “¡Con cuánta dulzura me trataste! Para mí tu amor superó al amor de las mujeres.†(o: “Más delicioso para mí tu amor que el amor de las mujeres.â€) (2 Samuel 1:26). ¿Podemos excluir la posibilidad de que esta relación fue más que platónica, que fue una relación sexual también?

 

 

Además, en los primeros siglos del cristianismo la Iglesia aceptaba a las/los homosexuales como hijas e hijos de Dios y hay indicaciones incluso que sus uniones en la iglesia fueron bendecidas.

 

 

El cardenal Cipriani ha definido en pocas palabras que la homosexualidad es “un error biológico†y que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico 18:22. Por lo tanto, no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia. Bajo estas premisas solo nos queda manifestarle algo muy a nuestro estilo:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Nosotros mismos hemos aprendido muchísimo de sus incursiones en la política y los comunicados dictados por el mismo Dios referente a sus planes y a los que están y a los que no están incluidos en los mismos.

 

 

Y a título personal, le doy infinitas gracias por enseñarme que Dios es amor y que todos somos sus hijos por igual. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final. De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

a) Cuando quemo un toro en el altar como sacrificio sé que emite un olor que es agradable para el Señor (Lev 1:9). El problema está en mis vecinos. Argumentan que el olor no es agradable para ellos. ¿Debería castigarlos? ¿Cómo?

b) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como sanciona el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

 



c) Mi hermano está más que angustiado porque según la Biblia, no se debe tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su periodo de impureza menstrual (Lev 15:19-24). El problema que le preocupa es el siguiente: ¿cómo puede saber si lo están o no? Ha intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres lo han abofeteado.

 



d) En Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los bolivianos, pero no a los chilenos. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer chilenos?

 

 


e) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sabat. El Éxodo, 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

f) Un amigo mío mantiene que aunque comer marisco es una abominación (Lev 11:10), es una abominación menor que la homosexualidad. Yo no lo entiendo. ¿Podría usted aclararme este punto?

 



g) En el Levítico, 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

h) La mayoría de mis amigos (varones obviamente) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

 



i) Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Así y todo, ¿puedo continuar jugando volley si me pongo guantes?

 



j) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico, 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

 



Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confiamos plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable y que aún se mantengan firmes las posiciones y procedimientos bíblicos (frente a la homosexualidad por ejemplo) basados en parábolas y simbologías interpretadas según leyes redactadas hace miles de años.

 

 

 

 

 

 


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
 
 
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