HISTORIAS XXX
SU PRIMERA VEZ
Hace un tiempo atrás, cuando era anfitrión de un video club de ambiente, entre tantas historias y anécdotas que me ocurrieron, tengo el recuerdo vívido de algo que me sucedió en aquella época. Era una tarde de verano, nos encontrábamos mi amigo y yo atendiendo los pocos clientes que a esa hora se encontraban en el local. De pronto tocaron el timbre. Salí a atender y ante mí se presentó la hermosa figura de un bello chico, chiquillo diría yo, con cara de inocente, primerizo no tan alto y mirándolo bien, de rico trasero. Desconfiado le pregunté que deseaba, “busco a Carlos, por teléfono me dio esta dirección” me contestó. Lo hice pasar, lo acomodé en una cabina-cuarto.
Le puse un video y salí a traerle una bebida. Le dije a mi amigo que se quedara atendiendo. “No me digas que tienes plan”, me dijo. “Oye, si atraca un trío me pasas la voz, OK?” Regresé a la cabina, el chibolo se había quitado el polo. ¡Guau, qué ganas tenia ya de empezar la faena! Vamos por partes, pensé, Me preguntó si yo era Carlos y le dije que sí. El se llamaba Daniel, y siempre veía que mis anuncios salían en los clasificados y por eso se animó. “¿Pero, qué quieres encontrar por acá?”, le preguntaba mientras rodeaba con mis brazos su esbelta y tersa espalda. “No se”, me contesto. En tanto yo acariciaba ya su pecho y me acercaba como yendo a susurrar, de veras que estaba rico el chibolo.
Tenía 18 años. Empecé a mordisquearle dulcemente las tetillas. Me contó que se palteaba de sentir lo que sentía. Estuve con un amigo, él era el activo, se conocieron desde que entraron a la secundaria y siempre soñaba con que se lo cogiera pero nunca se lo pidió. “No me digas que estas pito”, le dije. “Je…” sonrió. “Hoy vas a hacer tu sueño realidad”. Puse su mano en mi bulto e hice lo mismo, lo abracé y besé apasionadamente. ¡Qué ricos eran sus labios, que ricos eran sus besos! Nuestras lenguas se trenzaban. Nos paramos y lentamente le baje el buzo y luego la truza. El hizo lo mismo conmigo.
Juntamos nuestros cuerpos, su sexo caliente y su piel tersa me puso a mil. Lo agache hasta que sus labios rozaron mi miembro. “Chúpalo…” Lo hizo de una manera que aún hoy no lo puedo olvidar. Con adoración pasaba la lengua de arriba a abajo hasta los huevos y luego se lo tragaba todito. A punto estuve de venirme. ¡Espera!, le dije. Quería gozarlo por completo, ese agujero virgen. Lo puse de rodillas como perrito. El se agacho y levanto esa colita blanquita y lampiña que tenía. No me aguanté más y me lancé a ese agujero pito que palpitaba, digo literalmente palpitaba, desesperadamente por ser penetrado.
Con mis manos abría bien sus nalgas y metí mi lengua hasta donde mas no podía. Lo escuche gemir Luego de extasiarme con su cola comencé a meterle el dedo pulgar despacio pero sin detenerme hasta el fondo. Gemía como loco, le puse gel y comencé a meterle mis otros dedos. Ya era hora, así que me puse el preservativo de rigor y acariciándole la colita comencé a pasar la punta de la verga por su raya. El me meneaba la cola queriendo la penetración, ya para su suerte yo la tengo no demasiado gruesa. Le unté más crema y comencé a empujar.
Se extendió en el sofá permitiéndome voltearle la cabeza y besarlo desenfrenadamente y en esa posición comenzó a entrar mi verga. Los gemidos de placer y de dolor se confundían. ¡Qué que rico culito, sentía como su coñito apretaba mi pichula como queriendo extraerle el jugo! “¡Te estoy haciendo lo que siempre soñaste que te hicieran!”, le dije. “Voltéate que quiero hacerte piernas al hombro”. Lo volteé. Le termine quitando el buzo las zapatillas sus medias. Que virginales piecesitos delgados con sus arcos bien definidos y hermosos dedos bien cuidados.
Me los chupé toditos, literalmente me comí sus pies, el meneándome la cola se acomodaba mi verga que la tenia toda adentro y deliraba de placer. Yo ya no aguantaba más y comencé a bombear besándolo nuevamente. El se masturbaba mientras yo lo penetraba. “¡Me vengo, me vengo!” Gritó. Yo también me venia, y en un instante de éxtasis mi cohete me llevo a las estrellas… ¡Qué tal cogida amigos! Se la saqué y me miraba agradecido, palpitaba soltando sus últimas gotas de placer. Me recosté a su lado y en silencio nos relajamos. Un rato después, medio adormilados, nos levantamos. “Préstame tu baño”, me pidió.
Luego ya cambiado se me acerco. Nos despedimos y se marchó. La siguiente semana volvió y así durante tres meses lo hice feliz, hasta que en mi local conoció a un muchacho, se emparejaron y se fueron para no volver más.
Ronaldo.
UN RICO CHAPUZÓN
Hola, soy de Piura me llamo Christian y esto me paso hace un año cuando tenia 18 años. Bueno empezaré describiéndome: soy alto 1.74 contextura normal cabello castaño claro, ojos verde claro y aparte de eso voy al gimnasio siempre que puedo. Tenía un amigo llamado Carlos Pereyra, era guapo, muy guapo de 170 de estatura, cabello oscuro y con unos músculos de ensueño. Se dejada crecer la barba un poco y eso era sexy. Nosotros éramos muy amigos, los mejores. Por el mes de agosto se celebran los juegos Olímpicos ya nosotros nos toco competir en natación, así que practicamos casi medio año ,y yo por supuesto en esas ocasiones de nadar junto a él me deleitaba con su cuerpo.
El día previo a la competencia nos quedamos hasta tarde entrenando en el club Grau (allí era donde practicábamos) Eran alrededor de las 10 de la noche y estábamos exhaustos y con frió. Carlos: Chris ya es tarde, vamos a ducharnos y nos vamos... Yo: OK, si ya es muy tarde (en las duchas) Carlos: Chris, en los entrenamientos he notado que estabas un poco inquieto, ¿pasa algo? Yo: No pasa nada, no es nada Carlos: Vamos hombre dime que pasa Yo no sabia que hacer, de un momento para otro iba a decirle que era gay Carlos: Que pasa Chris, ¿ya no confías en mi? Yo: No es eso, es que si te digo te vas a molestar mucho Carlos: Venga que pasa que ya me estas asustando Yo: Creo que soy gay Carlos se quedo callado mirándome fijamente... por lo que fueron 5 minutos luego sin avisarme fue hacia mi, yo pensé que iba a tirarme un puñetazo, pero al contrario de eso me beso, me beso como nunca nadie me ha besado.
Poco a poco fui recorriendo su cuerpo con mis manos, mientras nos besábamos. Lentamente fui bajando a su cuello ,mientras Carlos gemía, luego me detuve en sus brazos ,y pase mi lengua por sus axilas, Carlos soltó un gemido aun mas fuerte, luego llegue a su pecho, el cual lamí como si fuera un manjar, pezón por pezón, iba succionando y Carlos gemía más duro mientras más succionaba. Finalmente baje por su ombligo hasta llegar por fin a su pene de 19 c.m. el cual trague completamente. Eso lo hizo gritar de placer. Empecé a mamar y el con la mano guiaba mi cabeza, hasta que 5 minutos después se corrió en mi boca , me levantó y nos besamos nuevamente , ahora él recorrió mi cuerpo con su lengua: mi cuello, mi pecho, hasta que llego a mi pene, el cual empezó a mamar.
Como yo estaba a full no tarde en corrérmela en su boca, el no se detuvo, me volteó y siguió con mi ano, y luego de haberlo lamido lo suficiente empezó metiéndome un dedo, luego dos hasta que finalmente empezó a meter su pene, primero la cabeza luego completamente, y empezó un mete y saca que me hizo gritar de dolor y placer, así estuvimos por 10 minutos aproximadamente hasta que volvió a correrse, esta ves en mi ano. Carlos: Siempre me gustaste, pero no sabia si yo te gustaba a ti, por favor cojéeme tu también dicho esto se volteo y se puso en cuclillas, Métemela de una sola, me grito Yo, rápidamente puse mi pene en posición y se la metí, al principio no entraba toda, pero luego su ano se dilato y fue cuando empecé a gozar, mete y saca y el gimiendo, así por otros 10 minutos hasta que me corrí dentro de el.
Luego de eso nos besamos y cada uno se fue por su lado llevando el recuerdo del otro. Luego de ese día nos hicimos más amigos que antes, ahora el es mi pareja y aunque no este en mi escuela nos vemos casi a diario.
Christian.
VERANO AZUL
En el verano pasado, Carlos visitó mi casa para pasar sus vacaciones. Era de mi tamaño, cuerpo atlético y muy guapo. Un día que se quedó a dormir en mi casa, me comentó sobre algunos problemas que tenía con su enamorada. Yo le aconsejaba hasta que los dos nos echamos en la cama y miramos el techo. Miré su bulto que estaba un poco levantado, el tenia puesto una bermuda y un polo blanco, yo con un jean y un polo rojo, y vi como de a poquito se iba levantando hasta que de improviso se me puso encima y comenzamos a jugar como los mejores amigos. Entre juego y juego no se como, pero acabamos dándonos un beso de lo más apasionado.
El succionaba mi boca como si el mundo se fuera a acabar. Casi me costaba trabajo respirar. Me dijo que me amaba y que y siempre había esperado este momento, yo sentí mariposas en mi barriga. Me excité tanto que me mi pene estaba más grande de lo que pensaba que media, estaba súper arrecho. El bajo lentamente hasta que llego a mi bulto, no había nadie en mi casa así que aproveche mientras podía. Abrió el cierre de mi pantalón y me lo bajo hasta que comenzó a sobar mi bulto yo comencé a gemir de placer y excitado, hasta que le dije penétrame!, hazme tuyo.
Me bajó el bóxer. Me la estaba chupando rico, sentía como una especie de orgasmos, hasta que dejo de mamármela y nos desnudamos por completo. Nos hicimos un 69, gemíamos y gemíamos, era placentero, hasta que me puso boca a bajo y sentí como algo calientito y grueso entre mis nalgas iba masajeando suavemente mi ano. El se agacho y comenzó a lamer el ano. Comenzó a meter dedo por dedo hasta que sentí placer, luego sentí como algo grueso caliente y jugoso comenzaba a entrar en mi interior.
Yo gemí de placer y de dolor, me lo hizo con destreza, luego me puso en perrito, hasta que el saco su verga y eyaculó sobre mi espalda. Sentí como el chorro iba cayendo y rozando por mi ano, era rico y excitante. Nos besamos profundamente y apasionadamente hasta que nos fuimos a bañar. Nos besamos bañándonos, yo lo basaba y él a mi, era excitante, luego nos cambiamos y nos pusimos a dormir 2 horas después nos levantamos ya eran de noche, nos pusimos a jugar play station, y justo llegaron mis papas, no se dieron cuenta de nada. Desde ese día él se queda mucho más seguido en mi casa.
Anónimo.
UN VIAJE INOLVIDABLE
Me llamo Antonio y tengo 20 años. Resulta que asisto periódicamente a un gimnasio, por lo que tengo buen cuerpo, mido 1.75m, piel blanca, ojos oscuros y cabello negro. Tenia ya 7 meses de asistir al gimnasio y en ese lapso de tiempo conocí a Juan José, un chico muy guapo por el que cualquier mujer u homosexual morirían: de 1.79m piel bronceada, ojos claros preciosos y músculos bien definidos. Muchos en el gimnasio lo conocían por su fama de don Juan y comentaba con los demás chicos del gimnasio sus aventuras amorosas.
Yo dentro de mi me decía que algo con él era imposible y trataba de que no se diera cuenta que lo miraba de reojo siempre. Un día, por feriado largo, un amigo me paso la voz de un próximo viaje a Huaraz que se realizaría con la gente del gimnasio, ya que uno de los chicos dio la iniciativa y varios se apuntaron. No hubiera ido, pues quería descansar, de no haber sido porque ese amigo me dio la lista de todos los que habían confirmado y entre ellos, estaba Juan José y no pude resistirme a apuntarme aunque no cruzáramos palabra. Casi me muero cuando me entere que los cuartos eran dobles y por sorteo me toco compartir cuarto con él.
Después de charlar un momento en la recepción cada uno tomo su llave y nos dirigimos a nuestras habitaciones. Entramos, yo con el corazón a mil y él muy tranquilo y despreocupado: "que bien la vamos a pasar este fin" me dijo, luego agarró una toalla y se metió a bañar primero. El ruido de la ducha me excitaba, quería ser agua en ese momento para recorrer su cuerpo. Pero lo que paso luego fue increíble: salio del baño con la toalla en la cintura y dejando su torso al desnudo, no podía contener la erección. Volteo a mirarme y dijo: "que pasa, te has quedado mudo, ¿te llamas Antonio no? siempre te veo en el gimnasio y nunca hablamos". Las palabras se me atoraban en la garganta y no salían, ¿estas nervioso?, pregunto, "¿no te vas a bañar? el agua esta muy buena" Si, conteste.
De pronto volteo y dijo "te gusto ¿verdad?, siempre noto que me miras y crees que no me doy cuenta, solo hay una forma de saberlo" y se quito la toalla quedando completamente desnudo, se acerco hacia mi que permanecía sentado en la cama, tomo mi mano y la puso sobre su pene de 19cm tan delicioso que automáticamente se la empecé a mamar descontroladamente mientras el gemía como un loco. Sentía el delicioso sabor de su miembro entrando hasta lo más profundo de mi garganta y acabo en mi boca. Luego dijo: veamos que tal herramienta tienes y me desnudo por completo y me chupo el pene como nunca lo había sentido.
Gemía como loco hasta que dijo "quiero ese culo”, me puso en cuatro patas sobre la cama y me la metió hasta lo más profundo. Me montó cual experto jinete dándome palmadas en las nalgas y cada vez con más fuerza y aunque sentía dolor no quería que terminara nunca. Hasta que me dio vuelta y acabo en mi pecho. Lo habremos hecho unas tres veces, cada una mejor que la otra hasta que nos fuimos a bañar juntos. Fueron momentos que nunca olvidare, me dio su número de teléfono celular y me dijo que quería repetir la experiencia después de terminado el viaje.
Y así fue todo, ahora no solo me gusta Huaraz por sus bellos paisajes sino también por muchos recuerdos más.
Antonio.
SEXO EN LAS ROCAS
Era una tarde como cualquiera del verano del 2006. Me dispuse a vestirme para ir a alquilar una película. Ya en la tienda a dos filas de donde me encontraba, había un chico aproximadamente de unos 30 años que físicamente era lo que llamaríamos, un cuerazo. Me di cuenta de que me miraba, pero no paso de ahí. Esa misma tarde me lo encontré en la playa ya que solía ir a caminar todas las tardes y la impresión de que me miraba se confirmó. Sin podérmelo creer me dijo que si podía caminar junto a mí. Accedí sin más que decir.
Se presentó como Luis. Durante nuestra caminata la playa se fue quedando cada vez más vacía y Luis se quito la camisa mostrando sus bellos abdominales bien marcados. Con un gesto amable me invitó a que nos fuéramos al agua y así lo hicimos. Mientras estábamos en el agua y tras un despiste me planto un beso cuya dulzura no pude rechazar. Nos dirigimos a una zona apartada en donde las rocas y la arena nos rodeaban. Allí me tumbo en la arena y con un ágil movimiento me quito el bañador, me la chupo durante un buen rato, cuando me toco a mi saciar mi apetito no podía ni imaginar que tras es bañador se escondía una maravilla de 23 cm que chupe sin dudar y sin descanso.
La excitación entre los dos aumentaba, saco como si ya lo tuviera planeado un condón de su mochila y me puso en postura de cuatro patas y tras unos lentos movimientos me fue introduciendo aquella maravilla hasta lo más profundo de mi interior. Luego prefirió ponerme de lado para besarme mientras me follaba. Sin lugar a dudas fue lo mejor que me han hecho. Sin pensarlo mucho me pidió que se la metiera, que necesitaba sentirme dentro suyo y así lo hice.
Con unos movimientos que llegaban a ser frenéticos en muchas ocasiones, llegamos hasta lo más alto de la excitación. Al final nos corrimos el uno sobre el otro. Dándonos un abrazo y un beso que jamás olvidaríamos, nos quedamos abrazados toda la noche al calor de una hoguera.
Tras dos sesiones más de agotadora entrega nos quedamos dormimos bajo las estrellas de un cielo despejado que auguraba la consolidación de un prometedor verano. Nos fuimos antes que amaneciera, no sin ates darnos un largo y cariñoso beso para después seguir cada uno su camino prometiendo mutuamente no olvidarnos.
Anónimo.
SOLDADO A LA ORDEN
No era muy alto, aproximadamente 1.70 metros. Se daba vueltas despreocupadamente por la vereda del malecón mientras yo, paralizado, lo devoraba con la mirada, observando sus musculosas pantorrillas sobresaliendo de sus pantalones cortos, su fornido pecho y brazos que se marcaban bajo el ajustado polo que usaba. Su hermoso rostro de mestizo y su pelo corto al rape, denotaban al soldado en su día franco y yo pobre de mí, que debía llegar a una reunión con un cliente, simplemente no podía moverme de la impresión de ver este portento de muchacho que, a veces posaba su mirada sobre mí, probablemente con la curiosidad de saber por qué era observado tan insistentemente por ese señor, haciéndome abrigar absurdas esperanzas.
No pude esperar por más tiempo, me acerqué y le hice la más absurdas y clichés de las preguntas: ¿sabes qué hora es? Él sonrió de manera traviesa al mismo tiempo que señalaba con las cejas el abultado reloj que conchudamente lucí¬a en mi muñeca. Me reí también y más aliviado de haber roto el hielo y la tensión, me relajé y empecé a conversarle. Que rica y sensual voz la suya! Me dijo que era de la selva y que estaba haciendo servicio militar. Yo saltaba en un pie de contento. Le hable de mi barrio y de lo linda que era mi casa. Le pregunté si la quería conocer, me dijo que no tenía dinero pero le dije que no se preocupara por eso, que era mi invitado y que nada le iba a faltar si me acompañaba.
Así que encogiendo los hombros, aceptó y nos pusimos en camino. Cuando llegamos, quedó deslumbrado de la casa y de la hermosa vista de la laguna que tenía. Mientras paseábamos por el jardín, se arrojó a la piscina a nadar. De regreso a la terraza, abrimos una botella de vino y nos dispusimos a disfrutar de la tertulia. Deliberadamente no había conectado el aire acondicionado, así que el calorcito iba en aumento, estimulado por el delicioso vino. Le veía sudar y abanicarse con la mano y le dije que con este calor, lo mejor era quitamos el polo, el aceptó encantado, y al fin pude ver el hermoso pecho que me traía loquito.
El color de su piel canela, adornado con una fila de fino vello al centro, terminó de ponerme a mil. Me di cuenta que tenía una erección que inútilmente trataba de disimular. Pase a la etapa dos de mi plan: le dije que sentía un dolor en el hombro desde ayer. Me sorprendí cuando me dijo que sabía dar masajes. Me recostó en el sofá y empezó a masajearme con sabia fuerza. Quería devolverle el favor y le dije que yo también sabía dar masajes. Él no hizo mucha resistencia y se acostó. Pude empezar a pasar mis manos por ese espléndido cuerpo, yendo desde los hombros hasta la cintura. Le pedí que se aflojara el pantalón y para mi sorpresa, nuevamente no puso ninguna objeción.
Me permitió que le ayudara. Le bajé el pantalón hasta media nalga, así que pase a la etapa tres. Le pregunté un tanto despreocupo ¿alguna vez te han hecho masajes eróticos? a lo que él negativamente respondió solo con un movimiento de cabeza. Proseguí con el masaje en silencio pensando en como superar el momento, cuando en eso el volteó y mirándome fijamente a los ojos me preguntó ¿sabes hacerlos? Al instante respondí que si pero que tenía que relajarse por completo y me permitiera actuar. Era mi oportunidad, así que le quité completamente el short, las zapatillas y medias, dejándolo completamente desnudo.
Yo también me quité el pantalón quedando únicamente en calzoncillos y con una descomunal erección. Me senté sobre sus piernas y procedí¬ a pasarle suavemente la yema de los dedos por los hombros y espalda, bajando hasta la cintura, cuando para mi gran sorpresa le oí preguntar suavemente ¿y eso es todo? Reconocí que era un reclamo por los masajes prometidos, así que me incliné hasta su cuello y empecé a besárselo, pasando a los hombros y espalda, percibí su respiración que se tornó agitada. No le tuve compasión y seguí bajando hasta llegar a su hermoso culo, y aunque en un principio, trató de ajustar sus nalgas, casi de inmediato las relajó, lo que me permitió besarlas con tranquilidad, abrirlas y contemplar casi al borde del enloquecimiento, su virginal ano.
Con delicadeza al principio, con un poco más de fuerza luego y con descontrolada pasión posteriormente, empecé a hundir mi lengua, sintiendo que ambos perdíamos el control, yo por la belleza de lo que estaba cogiendo, y él por la indescriptible sensación nunca antes sentida. Poco a poco, fui hundiendo mi ensalivado dedo índice en su ano virginal, mientras seguía haciendo trabajar mi hiperactiva lengua en los alrededores. A veces lo veía hundir su cara en la almohada para luego levantarla y seguir gimiendo de placer. Al rato, añadí el otro dedo índice de mi mano izquierda y con ambos dedos dentro, intenté abrir su agujero virgen, cosa que al principio me fue difícil pero luego, poco a poco fue cediendo y ante mi asombro, se abrió completamente permitiéndome meter tres y hasta cuatro dedos dentro, mientras mi delicioso soldado respiraba agitadamente hundiendo su rostro en la almohada.
No pude esperar más y trepando por su espalda, reemplace repentinamente mis dedos por mi adolorido pene que hacía rato ya, pedía a gritos por ese hermosísimo culo al cual, únicamente por consideración, había esperado hasta que estuviera bien dilatado. Al notar mi miembro dentro de su cuerpo, mi hermoso soldado intentó zafarse, logrando ponerse de costado pero no dejé que me expulsara del paraíso, así que me aferré a su rígido pene al mismo tiempo que lo presionaba contra mí, empecé a masturbarlo con lo cual poco a poco cesó en su empeño y más bien ahora se pegaba a mí¬, intentando ser penetrado más y más, mientras yo le imprimía un ritmo cada vez mayor meneando su miembro, el cual hasta ese momento ni siquiera había visto y ahora lo estaba aprisionando entre mis manos.
Me dí cuenta que medía unos respetables 18 c.m., casi los mismos que en ese momento tenía alojados en el culo. Repentinamente, sentí que el momento del clímax estaba acercándose, así que apliqué mayor longitud y ritmo al mete-saca y a masturbarlo, cuando sentí que su pene se hinchaba en mi mano poniéndose sumamente rígido, lo cual desencadeno en mí la máxima excitación que haya sentido jamás en mi vida. Simplemente perdí la conciencia de ser yo y me transformé en una incre¬íble extasiante e interminable eyaculación, oyéndolo gemir por primera vez en todo este proceso en el cual no había proferido el menor sonido, ahora casi gritó un ahhhhhh!! incontrolable, que surgió desde lo más profundo de su ser, eyaculando una y otra vez a una distancia increíble de casi dos metros.
Nos quedamos extasiados, sin decir palabra, sin haber perdido las fuerzas, con la rigidez de los miembros que no cedían un ápice, continuando con un suave mete-saca que poco a poco fue transformándose en mí¬, en una nueva sensación de deseo por seguir poseyendo ese hermoso culo. Se levantó y dijo que ya tenía que irse mientras yo solo atinaba a seguir mirando su prodigiosa desnudez. Repetimos en varias ocasiones aquella tarde hermosa, que nos hizo ahora grandes amigos.
Anónimo.
HISTORIAS XXX.
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