ALEZ
Alez creció conmigo, desde muy pequeño, de aquella época donde no parecÃa preocuparle cuan masculino se veÃa, eso era lo que menos le importaba, de esa época cuando jugaba al papá y la mamá, y él siempre era la mamá, del juego de la enfermera y el doctor, y él siempre era la enfermera; la vida en aquel tiempo era tan fácil. Mientras muchos de nosotros jugábamos a competir, a la fuerza y a la guerra, él no, preferÃa no sudar, no ensuciarse, preferÃa sentarse con las chicas a conversar, lo que ustedes saben, cosas de chicas, a jugar con las muñecas que las otras amiguitas prestaban, a vestirlas, a peinarlas, y a ponerles nombre, él era muy feliz asÃ. Nadie decÃa nada, y los pocos que rumoreaban, era signo de engreimiento decÃan; yo… comprendÃa todo a perfección, el era gay igual que yo, solo que con gustos propios; sé feliz Alez, sé feliz… pensaba.
Él y yo crecÃamos, la pubertad nos invadÃa, y nuestra generación cada vez se percataba de lo que sucedÃa alrededor, Alez cada vez tenia más estilo para caminar, las piernas muy juntas, siempre en lÃnea, con mucha pose, y al sentarse sorprendÃa con un delicado cruce de piernas, nos hablaba de sus telenovelas mexicanas, conocÃa el nombre de sus actores y actrices de moda, de las estrellas pop del momento y sus último romances, conocÃa el nombre de más de cuatro tortas, mas aún, el sabÃa hacerlas; tenÃa un gato llamado Fru fru, y lo vestÃa siempre de lila y rosado, porque estaba de moda, decÃa; usaba trajes y mallas muy apretujadas y cuando hacia calor, dejaba uno de sus hombros descubiertos, siempre Alez, siempre asÃ; reenviando mails sobre la amistad y el amor ilustrados con fotos de niños y gatitos, todos lo querÃamos, y eso bastaba para hacer frente a una supuesta dignidad masculina en nosotros. Sé feliz Alez, sé feliz…. Pensaba.
Ya crecidos, y con una latente imagen que cuidar, él era el mismo, el Alez de toda la vida, delicado, muy femenino, un poquito conservador, muy cuidadito, y siempre detallista. Aunque me confieso, mi forma de vivir la homosexualidad, no era esa, quizá era muy femenino al pensar, pero no al actuar. Comportarme como un rudo no era tampoco lo mÃo, no llegaba extremos, término medio nomás, pero no fingÃa, nunca lo hice, no como el gruñon de Carlos, el era muy gay, muy gay, pero con una homofóbia contenida en su ser, el actuaba sus movimientos, los calculaba para que siempre sean rectos, jamás ondeados, tenÃa miedo pensaba, miedo que todos sepan que cuando veÃa un chico era más mujer que su mami; en fin, cada quien con lo suyo. Aunque lástima me daba, ser un gay total, y no gritarlo, ni siquiera a otros gays, y peor, vivir amargado con eso, mucho peor. Bueno, Sé feliz Carlos, sé feliz algún dia… Pensaba.
Alez era un icono gay total en nuestras vidas, y era muy feliz, eso si, nunca le faltes el respeto con eso, Él se molestaba. Siempre calculó lo que hizo, muy minucioso y visionario, ahora es un prospero empresario, y con mucho dinero, la ventaja de ser gay, era no tener ni mujer ni hijos que mantener, decÃa. La última vez que supe de él estaba de vacaciones en un crucero hacia Finlandia, lo último que supe de Carlos es que tiene un hijo, una esposa, y una conciencia muy sucia por no aceptarse a tiempo. Alez nos escribe a todos, nunca olvida, y lo recuerdo como el gran jovencito que creció a mi lado, sin necesidad de ser el tÃpicamente macho en Lima, ahora es el verdadero hombre de negocios, siempre delicado, siempre femenino, siempre conservador, siempre detallista, siempre ganador; no más que decir. Sé feliz Alez amigo, sé feliz…
A TODOS USTEDES TAMBIEN
Sean felices.
ANGEL BOY
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