Sexualidad en los Moche y Chimú

LOS MOCHES
Los Mochicas, también llamados Moches, florecieron entre el año 100 DC hasta el 800 DC, eran un estado teocrático-militarista. La sociedad estaba dividida en tres niveles bien diferenciados: la aristocracia militar, en cuyo pináculo se encontraba el Ciequich quien era el monarca máximo, seguido por los Alaeq quienes eran los nobles subordinados al Ciequich; ellos eran representados con cabezas de felinos. La casta sacerdotal estaba formada por los sacerdotes guerreros quienes eran representados con cabezas de zorros. Finalmente, el pueblo lo formaban los artesanos, agricultores y pescadores quienes eran representados con cabezas de lagartijas.
Los Moches hablaban una lengua llamada “muchik” y su escritura fue pallariforme. La economía estaba basada en la agricultura, la pesquería y la metalurgia.. En las artes se destacaron en cerámica (sus huacos eróticos son considerados como el Kamasutra Pre Colombino). Los Moches adoraban a Aiec Paec, el dios hacedor llamado también “el degollador”; a Shi, la diosa luna y a Nii, la diosa del mar. Los Moches practicaban los sacrificios humanos y la sodomía religiosa.
Era costumbre de los Moches consagrar a sus hijos al servicio de sus dioses. Los nobles Alaeq consagraban al hijo primogénito a Aiec Paec, si éste era varón era entrenado como sacerdote guerrero y si era mujer era consagrada como sacerdotisa; el segundo hijo era consagrado a Shi, si éste era varón era consagrado como sacerdote ritualista y si era mujer era consagrada como sacerdotisa; el tercer hijo era consagrado a Nii; el cuarto hijo a Fur... y así según el número de hijos que tuvieran.
No todos los varones consagrados a Aiec Paec llegaban a convertirse en sacerdotes guerreros pues el entrenamiento era muy riguroso. Los varones consagrados a Shi eran educados en los ritos secretos a la diosa y en las artes de curar con hierbas. Cuando un joven consagrado a Shi cumplía los doce años era consagrado como sacerdote ritualista y presentado a los sacerdotes guerreros de Aiec Paec. Al día siguiente, los sacerdotes guerreros interesados en el joven se daban cita en la explanada del templo de Shi y demostraban sus habilidades en una danza-combate o cumpliendo una tarea solicitada por el pretendido la cual consistía casi siempre en cazar un jaguar o un oso de anteojos. El ganador desposaba al sacerdote de la diosa luna y los perdedores, si no habían muerto durante la prueba, eran sacrificados a Aiec Paec.
El sacerdote de Shi y el sacerdote guerrero de Aiec Paec hacían ayuno de sal y de ají en sus respectivos templos. La ceremonia nupcial se llevaba a cabo en una noche de luna llena, el sacerdote de Shi era desvirgado en el altar del templo de la diosa en una ceremonia a la que solo podían asistir los nobles Alaeq. El sacerdote guerrero de Aiec Paec no vivía con su desposado pero lo “visitaba” (sexualmente hablando) cuando lo deseaba.
Los sacerdotes de Shi tenían prohibido salir de los recintos sagrados de la diosa luna. Si un sacerdote de Shi no era pedido en matrimonio por un sacerdote guerrero de Aiec Paec a los doce años, era presentado por segunda vez a los trece, a los catorce y a los quince, si después de cumplir los dieciséis aún no era pedido se convertía en prostituto sagrado y su virginidad era subastada entre los nobles Alaeq. Un plebeyo no podía tomar los servicios de un sacerdote de Shi dedicado a la prostitución, él era destinado solo a dar servicio a los nobles Alaeq.
Entre los plebeyos se acostumbraba entregar al hijo varón primogénito al servicio de Aiec Paec para que fuera entrenado como guerrero, si al cumplir los catorce años calificaba como tal, le entregaban una macana y pasaba a formar parte de la milicia o de lo contrario, era destinado a trabajar arando y cultivando las tierras del dios; el hijo de un plebeyo no podía convertirse en sacerdote guerrero
Los plebeyos no tenían la obligación de entregar más hijos al servicio de los dioses pero era costumbre que cuando un joven entre los doce y dieciséis años soñaba con Shi se decía que la diosa “lo había elegido” entonces era llevado con gran pompa y festejo al templo de la luna en donde era consagrado. El joven elegido por Shi era destinado a ejercer la prostitución sagrada, los plebeyos que deseaban tomar sus servicios ofrecían una donación al templo. Para los padres era un gran honor que uno de sus hijos fuera un “elegido por la luna” pues creían que la diosa derramaría sus bendiciones sobre toda la familia, además la familia del joven recibía un tercio de la paga que el hijo recibía por sus servicios y en las celebraciones recibían dádivas del templo. En tan alta estima se tenía a un “elegido por la luna” que incluso era común que los padres escogieran al hijo más agraciado y lo entregaran al templo voluntariamente, obviamente diciéndole a la sacerdotisa que su hijo había soñado con Shi.
LOS CHIMUES
La leyenda dice que un héroe llamado Tacaynamo arribó al valle de Trujillo, se cuenta que fue enviado al valle en una balsa por un gran señor que reinaba más allá de los mares. El héroe ordenó la construcción de un palacio, aprendió el idioma local y fue nombrado jefe, inició una dinastía con su capital como Chan-Chan.
El imperio Chimú fue despótico, se basó en su poder guerrero. Las faltas a los templos o la desobediencia a las leyes eran castigadas con la muerte. Todo el poder estaba en manos del gran Ciequich, le seguían en poderío los curacas o Alaeq y una elite de cortesanos con cierto prestigio económico, debajo de todos ellos estaban los campesinos y los esclavos.
La economía estaba basada en la agricultura, la pesca, la caza, la industria y el comercio. En el aspecto religioso, como ya lo dijimos, se retomaron las tradiciones mochanas. Los Chimués tenían como divinidad máxima a Shi, la llegada de las lluvias y los movimientos del mar estaban ligados a ella. Nii recuperó su importancia y las estrellas también fueron veneradas. El Sol fue una divinidad secundaria.
Los Chimués llevaron la sodomía religiosa al más alto nivel. Los nobles entregaban a sus hijos primogénitos al templo de Shi (para ellos Shi era más importante que Aiec Paec quien fue algo olvidado), los niños eran criados y educados por las sacerdotisas. Los ritos fueron bastante parecidos a los ritos de los Moches pero con una diferencia: entre los Chimués era el sacerdote de Shi quien escogía esposo entre los guerreros nobles más valientes del reino.
Para un guerrero noble era un gran honor ser escogido como esposo por un sacerdote de Shi pues después de la ceremonia nupcial, la cual se llevaba a cabo con la mayor solemnidad y fastuosidad una noche de luna llena, era nombrado guerrero sagrado y pasaba a vivir en los recintos del templo con su desposado.
Se decía que los sacerdotes de Shi tenían poderes sobrenaturales, ellos hablaban con la diosa, con una orden podían partir un cerro o hacer que lloviera, conocían las hierbas que curaban y las que eran afrodisíacas. Eran consultados por los Alaeq para que adivinaran el futuro y las cosas ocultas (lo hacían “leyendo” en las vísceras de las llamas) y hasta el gran Ciequich consultaba con ellos cuando debía de tomar una decisión importante. Los sacerdotes de Shi eran muy respetados e incluso hasta temidos, ser maldecido por un “hijo de la luna” era una desgracia peor que la pena de muerte. No importaba si el maldecido era noble o plebeyo, el desafortunado era despojado de sus privilegios, riquezas y tierras, era flagelado públicamente, desterrado y considerado indigno, nadie le brindaba ayuda.
Los caciques reclutaban a los jóvenes plebeyos más agraciados, ellos eran llevados al templo de Shi y consagrados al servicio de la diosa como prostitutos sagrados. Los padres recibían tierras, llamas y oro por su hijo. Estos jóvenes no solo se dedicaban a ejercer la prostitución sagrada, también participaban en las ceremonias y ayudaban a los sacerdotes en los rituales. Conocían de hierbas y amuletos, eran curanderos, se decía que podían convertirse en perros con el uso de un ungüento mágico. Ellos tenían libertad de pasear fuera de los recintos del templo y visitar a sus familias.
Sucedía muy a menudo que un Alaeq que iba al templo a tomar los servicios de un prostituto sagrado terminaba enamorándose de él y celoso de que su amado estuviera en la obligación de servir a otro noble, pagaba al templo “por el derecho de exclusividad”. Sólo el gran Ciequich podía “comprar” a uno de los prostitutos sagrados y llevárselo a su palacio.
Uno de los pocos relatos que se ha conservado hasta hoy cuenta de que en aquellos tiempos un prostituto sagrado llamado Inaccha amaba y era amado por un noble Alaeq llamado Chac quien pagaba al templo cien llamas al mes por el derecho de exclusividad, pero otro noble Alaeq llamado Huarac también estaba enamorado del joven. Un día que Inaccha fue a visitar a su madre fue interceptado por Huarac quién usando la fuerza lo llevó a su palacio, abusó de él y luego lo dejó en libertad. Inaccha regresó al templo y cuando Chac fue a visitarlo le contó lo que le había sucedido. Chac, furioso, fue a ver al gran Ciequich para que le concediera permiso de retar a duelo a Huarac pero el gran Ciequich le dijo que lo que Huarac había hecho no era solo una ofensa contra él, sino también contra Shi y que como gran Ciequich era su obligación castigar al culpable, así de que ordenó a sus guerreros reales que capturaran a Huarac. Cuando Huarac fue capturado fue llevado a la explanada del templo de Shi; le cortaron las orejas, las narices, los labios y el pene, lo ataron a un árbol y lo dejaron para que las aves carroñeras se dieran un festín.
Este es una interesante historia de amor homosexual del antiguo Perú.
Datos curiosos:
Respecto a tipos de huacos eróticos, el mayor número de especimenes corresponde a la cultura Moche con 450, le sigue la Chimú con 111, Lambayeque con 37, Chimú-Ica con 27, Vicus y Recuay con una docena. Siendo interesante anotar que los mochicas hicieron un reconocimiento cuidadoso del clítoris, hecho que no es usual en otras culturas tanto locales como foráneas.
No es de extrañar que el coito homosexual fuera el tema más tratado por los ceramistas mochicas. Abarca el 39% de los huacos estudiados por los arqueólogos. Le llama la atención el escaso número de posturas para ejecutar el coito, estas son ocho, en las cuales no se representan por lo general más de dos personas ( Nótese bien este dato si el 39 % de huacos eran homosexuales, entonces podemos suponer que su población homosexual era muy alta, y se representan de a dos lo que constituye una relación aceptada de pareja.)
En el 21% el coito es anal, lo cual algunos explican como medida anticonceptiva.
Más de un centenar de vasijas mochicas con sus picos "de estribo" presentan en relieve una gran variedad de posturas y formas de realizar el acto sexual. En las vasijas las mujeres aparecen arriba, de costado y debajo de sus compañeros. Tampoco faltan vulvas, penes y andróginas. Este "Kama Sutra Moche", como lo llaman los arqueólogos, presenta a diosas y dioses, mujeres y varones, en desnudos completos, mirándose y tocándose, de un modo espontáneo y natural. Una erótica de género, diseñada por las mujeres que eran las alfareras de este pueblo.
Muchik