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MAMANIfiesto
(o anécdota
con reflexión y moraleja)
(o cómo hacer que un título
pretencioso suene interesante)
(o cómo perder el interés
del lector en cuatro líneas)
Me
subo al taxi, que de paso pretende
cobrarme un par de intimillones de
más. No importa, estoy apurado
por llegar a un instituto geográficamente
abusivo cuyo nombre no voy a mencionar.
Tico azul, asientos de peluche, disco
compacto colgado del retrovisor (¿finalmente
un buen uso para Shakira?), estampitas
reglamentarias y foquito de la casa
de citas de Barbie para anunciar su
condición de perra vial. Todo
un ejemplar de la escuela Tico neo-re-reelecciónista
post-expresionista peluda. Chévere.
Mi mañana se va alegrando mientras
contemplo esta instalación
de arte conceptual sobre ruedas. A
mi lado, el taxista, el virtuoso,
tiene un aire de orgullo sobre su
creación. Por un momento dejo
la crítica estética
y me remito a la convención
socioeconómica. Pero el maestro
me responde que no tiene sencillo.
- En el grifo cambiamos
- me dice.
¿Es que este tipo es idiota?
¿No me ve la cara de pirómano?
Por eso mismo es que restringen la
libertad de movimiento en el tercer
mundo.
- Señor, no podemos parar en
un grifo. Yo soy pirómano y
tengo un cigarro en la mano.
Por supuesto, el verdadero artista
conceptual jamás hace caso
a su público.
Es más, según
los textos más vanguardistas
al respecto, el artista conceptual
preferiría que todo su público
muera una muerte ridícula.
Entramos al primer MOBIL que encuentra
y aprovecha para cambiar su papel
moneda higiénico por un poco
de gasolina. GASOLINA. Sólo
el mencionarla me hace pensar en el
sonido y el olor de ese whooosh, ese
encendido, esas primeras llamas. Pero
no. Yo sé controlar mis impulsos,
simplemente desvío mi energía
motivacional, que es algo que aprendí
a hacer en el curso de “El hombre
y el cambio”, con varios libros
de autoayuda de por medio (buen material
para pirómanos, en todo sentido).
Así que mientras el chofer
vanguardista subempleado espera que
le llenen el tanque con un pequeño
souvenir de la guerra del Golfo, yo
hago lo más lógico para
aguantar la urgencia de prender un
fuego. Me corto un dedo.
En efecto. Cortarse
un dedo ayuda a reprimir los impulsos
piromaniacos, pero no es recomendado
por dos de cada tres dentistas, ni
por los profesores de música.
Sólo hay que fijarse en mi
caso. Tenía un futuro como
rey del clavicordio, ahora tendré
que conformarme como princesa del
trino. Además, escribir a máquina
me toma siglos y si quiero administrarme
un poco de placer sexual autónomo
(dígase pulir mi obispo, agasajar
mi payaso, etc.) debo usar un solo
dedo para estimular directamente mi
próstata (mismo proctólogo
mañoso). Tampoco puedo hacer
sombras con mi mano. Es frustrante.
Volviendo al relato, una vez salidos
del grifo (donde para colmo tuve que
bajarme a comprar Mertiolate y pedir
una bolsita para guardar mi dedo),
el artista conductor decidió
demostrar que pertenecía a
la corriente post-modernista del impacto,
de aquellos que harían cualquier
cosa por causar sensaciones extremas
en el público, como regarlos
con sangre o lanzarles dardos. Así
que este personaje decidió
poner una cinta de rock cristiano.
¿Qué
es esto señores? Imagínense
a Ricardo Arjona, Michael Bolton,
y el padre Pablo mezclados en una
licuadora. Claro, uno dice, bacán
que los licuen y que Alice Cooper
se los tome en un batido para escupirlos.
Pero no se trata de eso. Es la música
de esos perdedores la que está
toda amelcochada en una amalgama de
estupidez que sobrepasa incluso los
jingles de Pilsen Callao. Dios. Dios
santo… ¿Por qué
no le dejas el rock a Satanás,
que lo viene haciendo tan bien hasta
ahora?
Propongo iniciar
una campaña. Cada vez que conozcas
a un cristiano que toque guitarra
eléctrica, dile que eres judío
y que tocas el bajo. Luego se pueden
conseguir a un hindú vocalista,
un musulmán que toque batería,
y un evangelista que toque la puerta.
De esta manera formarían un
grupo que no sólo evitaría
la plaga amenazante del rock cristiano,
sino que también lograría
la paz en el mundo y un grammy latino.
Se pueden llamar “Bájate
del Tico.”
Yo lo hice, por lo menos.
PAZ
AMOR
SATAN.
-Caulfield
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