El Novio de mi Tio
Ya estaba por terminar el verano, y eso me ponía triste. El regresar a la universidad, dejar de ver a mis amigos de la playa, pero sobretodo dejar de ver a Renato. Aquél chico fuerte y alto, rubio y bronceado que me enseñaba a surfear en el mar de Punta Hermosa. Yo lo admiraba, lo idolatraba. Me gustaba muchísimo y cuando estaba con él me hacía sentir en las nubes, en un sueño. Pero llegaba Rafael, su pareja y toda esa magia se terminaba.
Siempre después de las clases los tres almorzábamos juntos en la casa de Rafael, quien por cierto era mi tío. No olvido que él fue quien me apoyó desde niño cuando se enteró de que yo era gay, pero no podía evitar lo excitado que me ponía su pareja cuando se me acercaba mucho, y es que Renato era especial.
Una tarde, a mi tío Rafael lo llamaron a su celular. Era mi abuela quien lo estaba necesitando en Lima. Mi tío me dijo para ir, pero yo le dije que prefería quedarme y no perder las clases de surf que Renato me estaba dando. Mi tío se fue tranquilo y yo me quedé feliz, con la esperanza de que pase algo entre Renato y yo. Los dos estábamos viendo televisión en la noche, echados sobre la cama, pero no pasaba nada. Vi que se quedó dormido y yo merodeaba por toda la casa, tratando de encontrar la manera en cómo acercarme y hasta que tomé valor y lo hice. Volví a la cama y lo empecé a tocar y pude sentir esos músculos marcados, esa piel suave y tibia. Fue cuando él se despertó.
Me preguntó qué era lo que estaba haciendo y yo me reí, respondiendo que solo estaba bromeando. Renato se volvió a dormir y esa noche lloré de la rabia.
Al día siguiente llegó mi tío y sentí celos al verlos juntos. Ya no podía más con la ira que sentía en mi ser al verlos besarse, al verlos quererse. Llegada la tarde, regresé después de bañarme con mis amigos. Entré a la casa y oí gemidos. La puerta estaba entre abierta y pude ver cómo tenían relaciones. Empecé a masturbarme mientras miraba a Renato, cerrando los ojos é imaginándome que me estaba haciendo el amor, y fue cuando tomé una decisión. Tenía que separarlos, lograr que me ame a mí y deje a mi tío, y a pesar que sentía cargo de conciencia al hacerle esto a mi tío, más me interesaba conseguir a Renato, tenerlo a mi lado. Fue así, que en la noche mi tío Rafael salió a comprar, y me metí a la ducha donde estaba Renato. El volteó y me dijo qué hacía ahí, y le confesé lo que sentía por él. No dudé un minuto en besarlo y en acariciarlo, y la sorpresa fue mayor aún cuando él me correspondió. Nos amamos en la ducha y cuando terminamos, mi tío Rafael nos estaba observando desde la puerta. No sabía qué hacer. Mi tío salió y Renato fue detrás de él, pidiéndole perdón, y yo sintiéndome más basura que nunca.
Desde esa vez no volví a ver a Renato y menos a mi tío, quien no quiere ni acordarse de mí. Cometí un grave error y me dejé llevar por la carne, pecado que todos cometemos anteponiéndolo a los demás. Me gustaría ver a mi tío y pedirle perdón, pero sé que ya han pasado cinco años desde aquella vez y tal ves ya no sirva de nada, porque la herida seguramente aún está ahí, y nada podrá borrarla.
-Anónimo Arrepentido.
El Empleado de la Compañía de Telefonos
Salí de trabajar y estaba solo en mi casa, eran como las 7 de la tarde. Ni bien llegué tiré la ropa para cualquier lado y me quedé desnudo con la intención de bañarme, para refrescarme. No tenía planes, para esa noche, solamente mirar TV o alguna película por cable y a esperar que llegase mi compañero de cuarto.
Estaba en el baño abriendo la ducha cuando sonó el timbre. Abrí y era un chico de unos 35 a 37 años, empleado de la compañía de teléfonos, a quien mi amigo había llamado porque nuestro teléfono estaba malogrado. Se presentó, me dijo a que venía, lo hice pasar y me dijo “Veo que te ibas a bañar, hazlo si quieres, mientras yo arreglo el teléfono”, y yo le respondí que no, que esperaría a que termine. Me quedé parado y él sacó las herramientas de su maletín, mientras con una mano se secaba la frente. Se sacó el polo sin decir nada y me dijo “Espero que no te moleste”. En broma yo le respondí: “No, si quieres sácate el pantalón y en calzoncillos estarás más fresco”, y entonces dejó el destornillador y se bajó los pantalones y me dijo: “Ves, abajo no tengo nada, no puedo trabajar así”. Lo miré y vi una pinga oscura, muerta, corta pero aparentaba ser muy gorda, sonreí y medio en broma señalando el paquete le dije: “Como que no tienes nada, y eso qué es?”. Se rió mientras intentaba subirse los pantalones, yo me saqué la toalla y le dije lo mismo que él me había dicho, pero mi pinga no estaba tan muerta como la de él. “Ja, ja, mira cómo se está poniendo, se nota que no tienes nada”, le dije. Estiró una mano y me la levantó para comprobar que yo no tenía nada. “No tienes nada? Si es más grande que la mía”, me dijo sonriendo muy picarón.
Decidimos bañarnos juntos y nos enjabonamos el pecho mientras nuestros labios se unían en un acalorado beso. Mis manos recorrían sus nalgas y se posaron en el medio donde encontraron un agujero húmedo y bastante grande. El me hizo lo mismo, mientras nuestras pingas se frotaban en un sube y baja que me encantaba.
Salimos y nos metimos a la cama, metiendo su pinga mojada en mi boca. El hizo lo mismo. En eso la sacó de su boca y se dedicó a lamerme el culo y las bolas. Luego puse un poco de saliva, apoyé mi pinga en ese agujero abierto y sin esfuerzo ninguno entró la cabeza, él hizo un movimiento hacia atrás y entró otro poco. Al venirme toda mi leche le cayó en la cabeza. Demás está decir que nos tuvimos que ir a bañar nuevamente para sacarnos toda esa leche pegada de nuestros cuerpos En la ducha me dijo, que la había pasado re-bien, que hacía como un mes que no lo cogían.
Cuando se fue, quedamos en volvernos a ver y cada semana se me vuelve a malograr el teléfono. Por qué será, no lo sé.
-Cliente Ardiente.
Bienvenida al Mundo Gay
Cuando cumplí dieciocho quise dejar de lado mi personalidad reprimida para ser como verdaderamente he querido ser. Estaba en mi casa con toda mi familia reunida, me cantaron el 'Happy Birthday' y me sentí feliz, pero de pronto llegó Martín, el mejor amigo de mi primo. Siempre he sentido que él era gay y no me equivoqué.
Todos se fueron y me quedé con mi primo y Martín. Mi primo estaba ebrio y lo llevamos a mi cuarto. Martín empezó a preguntarme si tenía enamorada o si ya había tenido una que otra experiencia sexual, yo respondí que no. El se rió y encontró en uno de mis cajones una revista porno gay. No supe dónde meterme de la vergüenza. Había sido un tonto al olvidar esa revista ahí. Martín empezó a ojearla y a tocarse el miembro. Vi cómo se le fue abultando y se me acercó. Me besó y me acarició las nalgas. Pegado a mi cuerpo sentí esa verga grande. Cerré mis ojos y me dejé llevar por este gran regalo de cumpleaños, pero cuando empecé a sentir otras manos, abrí los ojos y vi a mi primo tocándome. Casi me desmayo al saber que mi primo y Martín eran amigos sexuales. Mi primo era bisexual y aún ebrio por la cerveza me besó diciéndome que había soñado en hacerlo desde que éramos niños.
Nos metimos los tres a la cama, poniendo antes seguro para que a mi mamá nos e le vaya ocurrir abrir sin avisar. Martín me lamió el culo, mientras mi primo me la chupaba. Logré sentir la verga de Martín dentro mío. Mi primo se volteó y se la metí. Era un trencito como esos que siempre veía en las películas porno. Martín se vino en mi pecho y mi primo también. Había tenido el mejor cumpleaños y la mejor bienvenida al mundo gay.
-Pequeño Arrecho.